La menopausia es un proceso biológico natural que marca el final de la etapa reproductiva en la vida de una mujer. Se define como la ausencia de menstruación por 12 meses consecutivos y, generalmente, ocurre entre los 45 y 55 años, aunque puede comenzar antes. Mientras que muchos aspectos de la menopausia son ampliamente discutidos, hay uno que a menudo se pasa por alto: cómo este proceso puede afectar la relación de una mujer con la comida.
Cambios hormonales y su impacto en la alimentación
Los cambios hormonales que se producen durante la menopausia pueden tener un impacto significativo en el apetito. Veamos más de cerca cómo funcionan estos cambios:
- Estrógeno: Esta hormona actúa como un supresor natural del apetito. Durante la perimenopausia, los niveles de estrógeno fluctúan y disminuyen gradualmente. Como consecuencia, su efecto regulador sobre el apetito se reduce, lo que puede llevar a un aumento en la sensación de hambre.
- Grelina: Conocida como la “hormona del hambre”, la grelina estimula el apetito y juega un papel crucial en el control del balance energético del cuerpo. Investigaciones han mostrado que, en algunas mujeres, los niveles de grelina aumentan durante la menopausia. Este incremento puede intensificar la sensación de hambre y la frecuencia con la que una mujer siente la necesidad de comer.
- Leptina: Esta hormona es fundamental en la regulación del apetito, ya que envía señales de saciedad al cerebro para reducir la ingesta de alimentos. Durante la menopausia, los niveles de leptina pueden disminuir. Esta reducción puede debilitar las señales de saciedad, haciendo que sea más difícil para las mujeres sentirse satisfechas después de comer.
- Cortisol: Comúnmente conocida como la “hormona del estrés”, el cortisol puede aumentar el apetito cuando sus niveles se elevan. La menopausia a menudo se asocia con un aumento en los niveles de cortisol. Este incremento no solo puede aumentar el apetito en general, sino que también puede intensificar específicamente el deseo por alimentos ricos en grasas, azúcares y sal, lo que puede llevar a patrones de alimentación menos saludables.

¿La menopausia conduce inevitablemente a un aumento de peso?
Ahora que entendemos cómo las hormonas pueden influir en nuestro apetito durante la menopausia, es natural preguntarse: ¿Estos cambios inevitablemente conducen a un aumento de peso? Muchas mujeres temen que así sea, pero la realidad es más compleja.
Contrario a la creencia popular, la menopausia en sí no está directamente asociada con cambios significativos en el metabolismo. Un estudio importante llamado “Study of Women’s Health Across the Nation” comparó los efectos tanto del envejecimiento como de la menopausia sobre el peso, y llegó a una conclusión clara: la menopausia y los cambios hormonales no se asocian directamente con un aumento de peso.
Envejecimiento y aumento de peso
Entonces, ¿por qué a veces vemos que las mujeres ganan peso durante la menopausia? La respuesta está en el proceso natural del envejecimiento. A medida que envejecemos, tanto hombres como mujeres tienden a ganar peso, aproximadamente entre 1 y 1,5 kilos al año en el caso de las mujeres de entre 40 y 50 años. Así que si la menopausia comienza a los 45 y termina a los 52 años, es posible ganar entre 5 y 10 kilos durante ese período.
Cambios en la distribución del peso
Lo que sí cambia con la menopausia es la distribución del peso, ya que tiende a acumularse alrededor de la cintura, lo cual tiene implicaciones médicas importantes. Ten en cuenta que una circunferencia de cintura de 88 cm o más en mujeres se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, también conlleva una pérdida en la masa muscular, siendo otro factor que puede contribuir a los cambios en la composición corporal.
Mi consejo
Quiero enfatizar lo importante que es mantener un estilo de vida saludable y activo durante esta etapa. Una alimentación balanceada y el ejercicio de fuerza no solo ayudan a controlar el peso y a preservar la masa muscular, sino que también mejoran el bienestar general. Quiero que sepas que nunca es tarde para empezar.
Pequeños cambios en la dieta y la incorporación del ejercicio pueden hacer una gran diferencia. Cada pequeño paso cuenta. Prioriza tu salud y bienestar, y verás cómo estos esfuerzos se reflejan en una mejor calidad de vida. Estamos juntas en este camino hacia una vida más saludable y plena.
Referencias
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